Una ciudad inteligente es un concepto traducido de la expresión inglesa “Smart cities”, que se aplica a una forma de desarrollo urbano en el que se combinan, en beneficio de la población y su entorno, innovación y sostenibilidad aplicados a tecnologías de comunicación, información e infraestructura, haciendo que la gestión de una ciudad sea más amigable y efectiva con sus habitantes.

Una ciudad inteligente es un concepto traducido de la expresión inglesa “Smart cities”, que se aplica a una forma de desarrollo urbano en el que se combinan, en beneficio de la población y su entorno, innovación y sostenibilidad aplicados a tecnologías de comunicación, información e infraestructura, haciendo que la gestión de una ciudad sea más amigable y efectiva con sus habitantes. Una ciudad inteligente se diferencia de una ciudad estándar en que, al tener aplicaciones de conectividad y desarrollo sostenible, permiten una mayor inclusión y protección del ciudadano, haciendo que el crecimiento de esta sea amigable con el ambiente y atienda las necesidades de la comunidad.

Si bien el concepto inició más asociado a temas como Ciudad Digital, ha ido evolucionando y uno de los principales pilares en los que se fundamentan las ciudades inteligentes, es la sostenibilidad vista desde las dimensiones económica, social y ambiental. Puede decirse que las ciudades inteligentes facilitan la integración de estas tres dimensiones al incluir una amplia gama de servicios que generan nuevas dinámicas de accesibilidad y transferencia de conocimientos. Lo anterior, mejorando la calidad y oportunidad de la información tanto a nivel administrativo como del ciudadano, permitiéndole usar herramientas ya conocidas como las redes sociales y otras nuevas, para obtener un mejor conocimiento y comprensión de lo que sucede en la ciudad y cómo puede vincularse con el desarrollo de esta. De esta manera, se le facilita la toma de decisiones precisas frente a una disyuntiva, que puede ser tan simple como qué ruta debo tomar para llegar más rápido a mi trabajo, hasta cómo atender un desastre o cómo debe ser la planeación a mediano plazo de la ciudad o cómo me puedo manifestar frente a decisiones de política pública que afectan mi presente o el futuro de las siguientes generaciones. En otras palabras, la ciudad inteligente permite que la sociedad se vincule de forma directa con el desarrollo de su espacio y entorno mediante las TIC y el famoso “Internet de las Cosas”.

 

Con base en lo anterior, es posible decir que el impacto de las ciudades inteligentes es positivo en muchos aspectos de la vida cotidiana, haciendo que el día a día de sus habitantes sea más organizado, mejor planeado y por qué no más efectivo. Así mismo, las instituciones administrativas tienen la posibilidad de adquirir información cierta de la ciudad, conformando históricos de mediciones y estados ambientales, de movilidad, de salud, climáticos, entre otros; así como de tener canales directos para mantener informada a la comunidad en tiempo real de todo lo que ocurre en esta.

Los resultados que se han visto en las ciudades que han ido integrando los conceptos de Ciudad Inteligente, han obtenido diversas ventajas:

  • La reducción de costos a medida que se elimina la necesidad de recopilar y verificar datos. 
  • Un mejor aprovechamiento de la infraestructura existente, como el caso de la de alumbrado público.
  • Obtención de sistemas integrados de ciudades y servicios impulsados por datos.
  • Mejor comprensión de las necesidades de las comunidades.
  • Identificación de objetivos claros y oportunos desarrollados en colaboración con los ciudadanos.
  • Una mayor transparencia en la toma de decisiones.
  • Mayor desarrollo de modelos de asociación.
  • Mayor oportunidad de solucionar problemas en la ciudad de forma asertiva.
  • Creación de nuevos negocios y comunidades innovadoras.
  • Una mejor calidad de vida para los ciudadanos.

Para tener una ciudad inteligente es necesario tener una visión innovadora e integral que enmarque la decisión política, ya que esta es la que permite apalancar los proyectos que soportan la adopción y desarrollo de estos conceptos. A la par de esta decisión, es necesario impulsar el interés y aprendizaje formal de profesionales de distintas ramas que intervienen en estos proyectos, así como preparar las herramientas legales, reglamentarias y normativas que faciliten la implementación de proyectos tanto públicos como privados. Finalmente, elaborar una hoja de ruta que guíe la transformación de la ciudad hasta llegar, progresivamente, a ser una ciudad inteligente.

Por:

Sandra Yomary Garzón Lemos

Ingeniero Especialista II

VP Consultoría Estratégica y Gerencia

WSP Colombia