Trabajar con pueblos indígenas implica comprender sus formas de vida y establecer un diálogo genuino que permita construir soluciones conjuntas. Para ello, dos conceptos resultan transversales: territorialidad e interculturalidad.
En muchos de nuestros proyectos, la colaboración con comunidades indígenas nos exige ir más más allá de la aplicación técnica de las metodologías sociales convencionales. Requiere también una comprensión profunda de varios conceptos provenientes de la antropología cultural y social, donde la territorialidad y la interculturalidad se convierten en ejes esenciales para lograr un trabajo respetuoso, colaborativo y efectivo.
La territorialidad es un concepto que no se reduce solo a la delimitación de un espacio geográfico; sino también a una delimitación y reconocimiento simbólico. En el caso de los pueblos indígenas, este concepto se encuentra aún más presente, dado que el territorio además de tener un claro elemento físico y espacial es además una construcción cultural, espiritual, económica y política, donde estos pueblos anclan su identidad colectiva, sus prácticas productivas y sus formas de organización. Por esa razón, las intervenciones que realiza el equipo de WSP, como parte de los diferentes proyectos de minería y energía, ya sean en regiones andinas, amazónicas o costeras, parten de una lectura contextual y respetuosa de la relación compleja que los pueblos indígenas mantienen con su entorno. Intervenciones como las que llevamos a cabo en comunidades campesinas que son pueblos indígenas, ubicadas en zonas altas de Moquegua o de Cerro de Pasco, requieren reconocer este concepto de territorialidad como eje clave.
En ese sentido, esta mirada permite mejorar no solo la calidad técnica de los instrumentos para el recojo de información, sino también resulta clave en la interpretación de los datos y en posterior análisis de posibles afectaciones o impactos. Asimismo, se generan beneficios concretos para los pueblos indígenas, en la medida en que se proponen estrategias efectivas para los procesos participativos y el diseño de programas culturalmente pertinentes.
Otro eje clave en nuestra labor es el concepto de interculturalidad, el cual refiere a la interacción equitativa entre diferentes culturas. Este enfoque reconoce que no existe una única manera legítima de entender el desarrollo, la economía, la toma de decisiones o la creación de conocimientos. Por el contrario, desde las comunidades existen diversas concepciones sobre estos temas, que además guían los modos de vida de dichas poblaciones y su relación con el entorno. En ese sentido, parte de nuestra labor, en las intervenciones en comunidades de Huánuco o Apurímac consiste en diseñar soluciones basadas en aspectos como el idioma, el diálogo, los modos de comunicación comunal, los cuales van a variar según cada pueblo o comunidad. Este trabajo comienza desde el diseño de las metodologías, continúa con el recojo de la información y la interacción en campo con estas poblaciones, y culmina con el análisis e interpretación de los datos obtenidos.
En conclusión, el integrar estos dos conceptos clave (territorialidad e interculturalidad) dentro de los diversos proyectos a nuestro cargo, representa una oportunidad para construir relaciones sostenibles, legítimas y culturalmente respetuosas con los pueblos indígenas. Además, permite una mejor comprensión de los contextos en los que se desarrollan nuestros proyectos, que definitivamente constituye un respaldo a los estudios ambientales y sociales que llevamos a cabo en WSP.