El diseño de la estación ha implicado tres desafíos técnicos: el primero, de naturaleza hidrológica, debido a la proximidad de los muelles del puerto. Para mitigar el impacto en el flujo subterráneo de agua hacia el mar, se han planteado soluciones estructurales como pantallas in-situ o pilotes secantes en suelos blandos. Además, se ha optado por un método constructivo top-down, que ha permitido avanzar en las fases de construcción desde la superficie.
El segundo reto ha sido la coordinación con el proyecto de soterramiento del eje litoral, una vía de 2,3 kilómetros de longitud que conecta la estación con el túnel subterráneo entre el Paseo Los Curas y el Muelle Heredia, permitiendo que los autobuses se incorporen directamente a la nueva vía sin invadir el tránsito urbano en superficie. Esta conexión ha eliminado la separación actual entre la ciudad y el mar, dando prioridad al peatón y generando nuevos espacios públicos.
El tercer desafío ha consistido en prever la intermodalidad futura de la estación, integrando un vestíbulo adaptable para futuras conexiones con las redes de Metro y Cercanías, facilitando su expansión hacia el norte en fases posteriores.